Ni estafa, ni fracaso, la verdad sobre el Being One

Hoy no voy a hablar sobre maternidad. Hoy voy a hablar sobre la experiencia que he vivido intensamente durante los últimos tres días: El Being One Forum.

Fue un milagro que se celebrara el Being One

Muchas mentiras se han escrito en prensa, en medios de gran renombre que se han lanzado a publicar artículos sin informarse siquiera sobre lo que era el Being One, ni lo que había pasado de verdad. Pero lo malo siempre vende… mucho más que lo bueno. No se canceló y no era un evento de “coaching”, ni de “coaching espiritual”, como he leído en algunos titulares. Los medios debería elegir mejor a los periodistas que contratan. Siento por ellos eso que lo españoles llamamos vergüenza ajena.

No ha sido una estafa, aunque sí un fracaso empresarial. Un error de calculo, falta de experiencia en la organización y falta de dotes de negociación… Pero también ha sido una experiencia vital, una gran lección para los organizadores, para los ponentes y para todos los que estábamos allí viviéndolo.

El Being One no se canceló en ningún momento y la organización sí dio explicaciones.

Así se define Being One en su página oficial: “Being One es un foro de diálogo plural y libre sobre qué o quiénes somos y nuestra relación con el universo”. Entre los ponentes había grandes autores best seller, algunos eran científicos, otros sencillamente, maestros de vida…

Entré en el evento como público el viernes por la mañana, no conocía a nadie de la organización ni a los ponentes, y acabé, como muchas otras personas del público, ayudando a la organización a llevar adelante el evento. Ese fue parte de nuestro aprendizaje.

Podíamos sentarnos y esperar que alguien lo solucionara, podíamos linchar a Antonio Moll, organizador del evento, podíamos pedir la hoja de reclamaciones, podíamos denunciarles, crear una plataforma de afectados, podíamos ponerlos verdes en medios sociales… o podíamos decidir aceptar que aquello no era lo que esperábamos, que los ponentes estaban allí, que el evento se podía realizar, que lo importante era el mensaje y tener un sitio donde darlo, empatizar con Antonio Moll y todo su equipo y echar una mano para que todo saliera adelante y así se hizo. Salió adelante.

Tan solo hubo algunas ponencias que no se dieron el sábado por la mañana, pero el resto del programa se hizo íntegro, e incluso hubo tiempo para alguna intervención más, hubo tiempo para la solidaridad, (me consta que hubo personas que dieron donativos de hasta 5 cifras para ayudar a paliar el desastre financiero), y un regalo muy especial para todo aquel que tuviera una entrada del Being One: una beca de 1.200 € en cursos del Instituto IFI (organización de formación en desarrollo personal). Beca ofrecida por su director Sergio Cánovas, que solidarizándose con la organización del Being One, dejó el curso que estaba impartiendo en Alicante, para desplazarse a Madrid y ofrecer este regalo a los asistentes. Para compensar por las molestias que el desastre en la organización nos ocasionó.

El problema de base ha sido financiero. Desde mi punto de vista, ha sido un evento organizado con mucho amor y con muy poco enfoque empresarial, con muy buenas intenciones pero con nula experiencia en mega eventos de este tipo. Un precioso sueño que Antonio Moll llevó adelante contra todo pronóstico y que no salió como esperaba.

Sencillamente no se vendieron las suficientes entradas para cubrir los gastos del evento y se pasó la línea de no retorno. Ese momento en el que te da tiempo a cancelar el evento, devolver el importe de las entradas, indemnizar a los ponentes y a la sala, e irte a tu casa con el rabo entre las piernas y con una lección aprendida. Una vez pasada esa línea, la única huída posible es hacia delante. Sacar el evento adelante, sea como sea: Con pérdidas, con mucho dolor, con el cuerpo y el corazón roto, como mucha gente decepcionada, con muchas quejas, con posibles denuncias, con mala prensa, con proveedores que abandonan el barco temiendo no cobrar,… pero también con la magia de que de repente personas que no te conocen de nada te echan una mano para seguir adelante y todo sale, aunque no sea como se quería ni como se esperaba. Y eso es lo que ocurrió.

Being One significa “Ser Uno”. Este fin de semana muchas personas nos unimos, para que algo que pudo ser un auténtico desastre, fuera una experiencia vital irrepetible y preciosa.

Como organizadora de eventos esto me ha pasado, a una escala muchísimo menor. Tanto el tener que cancelar, como el pasar esa línea en que no hay vuelta atrás.

Cuando el día anterior al evento me informaron que habían cambiado el Madrid Arena por la Cubierta de Leganés, intuí lo que había pasado, porque ya me ha pasado antes… Se han quedado sin local y se han buscado la vida. Y pensé, está bien, se han centrado en la solución y no en el problema. Pensé que habrían encontrado un lugar que les encajaba en presupuesto, y aunque las condiciones sería peores, se podría hacer. Estaba equivocada, a pesar del cambio, la organización no tenía suficiente dinero para pagar a todo el mundo. Esto lo supimos el sábado por la mañana…

El viernes por la mañana, primer día del evento, esperamos en la cola durante 2 hora para entrar. Dentro, organizadores, proveedores y voluntarios trabajaban incansablemente, después de una mudanza atropellada, tenían que adaptarse al nuevo lugar. Recuero que cuando fui a visitar el Vaticano hice una cola igual de larga. La diferencia fue que en esta cola conocí a personas cuya amistad, seguro me llevo para toda la vida. Y esa fue mi elección, aceptar y vivir la experiencia de la mejor manera.

Cuando entramos en la Cubierta, el sonido era muy malo. La acústica del sitio es malísima y no tenían suficientes altavoces para el tamaño del local. Alicia Sánchez, la maestra de ceremonias, lo estaba pasando muy mal. Comprendo que abandonara el barco y no apareciera el sábado y el domingo porque era difícil dar la cara en esas condiciones.

Mis amigas y yo nos dimos cuenta enseguida de que se te ponías cerca de los altavoces, se oía perfectamente. No obstante, se dieron mucha prisa en colocar más equipos y el sonido mejoró considerablemente en casi toda la sala. Además la organización permitió que los asistentes nos moviéramos hasta algún lugar donde oyéramos mejor.

Sé que suena muy cutre, penoso en un evento que anunciaba traducción simultánea en 6 idiomas y a lenguaje de signos. Pero por otro lado yo pude apreciar el amor y la dedicación con la que estaba hecho. A pesar de los fallos: Había una enorme pantalla de leds, un gran equipo de producción audiovisual, había dos traductores de inglés – español para cada ponente, un equipo de traductores al lenguaje de signos, cuya imagen se proyectaba en la pantalla constantemente. Había un gran equipo de voluntarios que trataban por todos los medios que te sintieras bien en todo momento. El programa estaba impreso a todo color, en papel de muy alta calidad,…

Si alguna vez habéis organizado un evento sabréis a lo que me refiero con “hecho con amor” todo esto requiere muchísimo dinero, mucha imaginación, muchísimos esfuerzo… hay cosas que son intangibles y que van más allá de lo puramente económico.

El viernes se cumplió el programa, el organizador pidió perdón los fallos y también se pidió ayuda económica porque estaban perdiendo dinero.

Ante esto algunos proveedores se echaron atrás, pidieron cobrar inmediatamente, lo cual es lógico. El sábado por la mañana la puerta no se abría. Empezaron a correr rumores entre los que esperábamos en la puerta. Se dijo entre el público que se había cancelado el evento porque la empresa de seguridad no quería trabajar y el ayuntamiento no permitía abrir. No sé si esto es cierto…

Lo cierto es que mucha gente se fue enfadada, y con toda la razón del mundo. Que vinieron dos de los ponentes a la puerta: Robin Sharma y Alex Rovira y hablaron con los asistentes. Yo no pude oír lo que decían, aunque creo que fue grabado por Mindalia Televisión. Espero poderlo ver en algún momento.

Al cabo de un par de horas algunas personas de la organización salieron a explicar que tenían el local pagado, que necesitaban 80.000 € más para pagar a proveedores. Que iban a abrir las puertas, que dejarían unas cajas para donativos y que dependía de nosotros que el evento se llevara adelante o no.

En ese momento hubo mucha decepción entre el público. Hubo un chico que dijo. Tenemos el local, tenemos los ponentes, no necesitamos nada más. Entremos y que se haga… y muchos nos quedamos con eso.

Yo estaba en contacto con Sergio Cánovas, director del instituto IFI y le conté que estaban pidiendo dinero para poder llevar el evento adelante. Él me dijo: “No puede ser, no pueden pedir dinero sin ofrecer una compensación a cambio. Yo les voy a hacer un regalo para compensar al público. No podemos dejar en mal lugar a compañeros del desarrollo personal porque esto nos perjudica a todos.”

Así que junto con mi amiga Mar Castro, nos pusimos en contacto con la organización para hacerles llegar este regalo. Mientras tanto el evento se puso en marcha. Con muchos menos medios. Adiós a la pantalla de led, adiós a la traducción al lenguaje de signos, adiós a la cabeza caliente. Pero los ponentes estaban allí, había micrófonos, había sonido, había traductores, había voluntarios, había seguridad, había cámaras para la emisión en streaming.

Mar y yo conseguimos llegar a la organización para llevarles el mensaje de Sergio Cánovas, y entramos en el back stage. Allí nos encontramos con una enorme sorpresa. La organización estaba totalmente sobrepasada por los acontecimientos. Muchas de las personas que deberían estar organizando el back stage habían desaparecido y se habían hecho cargo de ello personas del público. No había escaleta, no había regidor. Tan solo estaban los técnicos y varias personas del público, entre ellos, Joel Miñana y Silvia García que hicieron el papel de maestro de ceremonias y de regidores y Linda Osorio, que estuvo haciendo sencillamente lo que hiciera falta para que aquello no se viniera abajo… eventualmente acabé estando sobre el escenario del Being One, para poner al público en pie, bailar, mover el cuerpo y subir la energía de los asistentes, de lo cual me siento muy agradecida. Y también para acompañar a Sergio Cánovas, que se desplazó el domingo desde Alicante para ofrecer su beca de 1.200 € en formación a más de 3.000 personas. Si hacéis la la multiplicación sabréis a cuanto asciende la generosidad de este regalo.

Todo siguió adelante el sábado y el domingo. Con mucha buena voluntad por parte de organización, voluntarios, técnicos, staff de seguridad y de los que estuvimos detrás y encima del escenario. Los ponentes, grandes maestros pusieron de relevancia que aquello no había sido un congreso más, que aquello había sido una experiencia, una lección de vida. La vida en vivo y en directo. Que todos somos uno, que na ocurre por casualidad, que las cosas que pasan pasan igual para todos, pero que lo que marca la diferencia es cómo las recibes. Que puedes elegir ser víctima o ser creador.

Comprendo a las personas que se fueron, comprendo a las personas que se decepcionaron, comprendo a las personas que hablan mal del evento y la organización, comprendo todo eso. Tienen su derecho a sentir ira, tristeza, decepción. Tienen derecho a reclamar, tienen derecho a sentirse víctimas.

Pero lo que no admito es la mentira. El Being One no ha sido una estafa, en ningún momento ha habido mala fe, ni mala intención.

A nivel personal, me ha traído un aprendizaje muy grande, una gran felicidad y amistades que seguramente cambiarán mi vida. He sentido en muchas ocasiones que somos uno, que lo que hace uno afecta a todos, que podemos cambiar la realidad, que todos somos importantes, que lo que hace una sola persona puede marcar una gran diferencia, que tenemos derecho a equivocarnos, que tenemos que estar abiertos a recibir, que hay que saber pedir, que los milagros existen.

Porque fue un verdadero milagro que el Being One se celebrara este fin de semana. Entre todos cumplimos el sueño de Antonio Moll.

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