Chenoa

Chenoa «confiesa» que ha sufrido endometriosis, quistes y principio de cáncer uterino

Chenoa cuenta que ha sufrido endometriosis, quistes y principio de cáncer uterino. Lo cuenta en el libro de Carlota Corredera «Hablemos de Nosotras».

¡Gracias Chenoa por contarlo!

¡Qué violento debe ser para una mujer famosa o no que le pregunten una y otra vez públicamente cuándo va a ser madre, teniendo estos problemas de salud!

Ya va siendo hora de que todo esto se haga visible y que se «normalice» hablar de ello. ¡Ojo! que lo que se tiene que normalizar es hablar de ello, no que se crea que lo normal es tener patologías.

Haz el experimento, pregunta a tu alrededor y verás cuántas mujeres tienen algún problema relacionado con el sistema reproductor femenino. Hay muchísimas: dolor menstrual, miomas uterinos, ovarios poliquísticos, problemas de fertilidad…

¿Qué soluciones hay?

A nivel médico muy pocas: hormonas, analgésicos y cirugía. Todos ellos paliativos, pues no curan.

  • Los analgésicos quitan el dolor para que puedas seguir siendo más o menos «funcional» los días de la regla, pero a cambio intoxican tu cuerpo y no curan, tan solo enmascaran el problema.
  • Los tratamientos hormonales pueden ser de utilidad en un momento puntual de desequilibrio. Pero se tiende utilizarlos como sustitutos de tus hormonas, con lo cual se impide que el cuerpo se autorregule y vuelva a funcionar con normalidad. De este modo, se crea una dependencia de las hormonas externas, que además te impiden quedarte embarazada y que tienen una larga lista de efectos adversos.
  • En cuanto a la cirugía, llegado un estado de gravedad es mejor perder un órgano (o parte de él) que perder la vida. Pero si el origen de la enfermedad persiste, ¿qué impide que se vuelva a reproducir?

 

¿Por qué la medicina moderna no cura los problemas de salud del sistema reproductor femenino?

Se reúnen aquí dos problemas muy grandes:

 

Problema 1: El cuerpo de la mujer es imperfecto, es normal que duela.

La medicina ha tomado siempre al hombre como modelo. Nosotras al fin y al cabo somos un hombre mal hecho. ¿Qué se puede esperar si salimos de la costilla de Adán? No se ha tenido nunca en cuenta que nuestra fisiología es especial, que nuestras hormonas son distintas y sobre todo cambiantes.

Se ha tomado como premisa que es normal que un cuerpo imperfecto como el nuestro duela. Por eso sufrimos en silencio el dolor en nuestras menstruaciones y nuestros partos.

Hemos aceptado que estamos mal hechas. ¿Cómo podríamos pensar que pudiéramos estar enfermas?
Además, no te olvides, mordimos la manzana y se la «obligamos» a comer a Adán, pobre hombre sin capacidad de decisión propia. Desde entonces tenemos la culpa de todo lo malo que los hombres nos hacen a nosotras.
Tenemos que expiar con el dolor de nuestros úteros el pecado original.

Problema 2: Las emociones no existen para la medicina.

No se ha contemplado nunca la dimensión emocional de los problemas uterinos. ¿Acaso no se sabe ya de sobra que las hormonas y las emociones van de la mano? En unos órganos que evoluciona a lo largo de la vida de la mujer y a lo largo del ciclo menstrual según nuestras secreciones hormonales, siempre cambiantes, ¿nadie se plantea que lo que pueda estar pasando en nuestra vida a nivel emocional influye en nuestro sistema reproductor?

Por otro lado, poco se sabe y poco se habla sobre la especial conexión de nuestro útero con el sistema nervioso autónomo. Ese sistema que rige todas las acciones involuntarias, que regula toda la química del cuerpo, que parte de nuestro cerebro reptiliano, ese que está conectado con nuestros instinto y que nos mantiene con vida.

¿Estamos las mujeres conectadas con nuestro instinto? ¿Se nos permite siquiera seguir nuestro instinto en alguna ocasión? Cuando desde pequeñas se nos está diciendo que «seamos buenas», que no nos ensuciemos, que no gritemos, que no corramos, que no nos toquemos, que le demos un beso a familiares y extraños aunque cada una de nuestras células nos está diciendo que no…

Algo más a tener en cuenta es el sistema inmunológico, la proliferación de determinados virus, bacterias y hongos como las famosas cándidas tienen mucha relación con caídas del sistema inmune y también es bien conocida la relación del estrés con dichos procesos.

La buena noticia es que sí hay medios de sentirse bien y restaurar el la salud sin tener que intoxicar tu cuerpo con fármacos: la nutrición y el ejercicio físico son dos medios muy eficaces.

Eliminar tóxicos, harinas, azúcares, leche y carnes rojas. Tener una vida activa realizando un ejercicio que te llene de placer, que no sea una obligación, que te divierta, que te haga sentir viva. ¿Se te ocurre alguno? ¿Bailar, quizá?

Existe un remedio natural para la regulación hormonal femenina maravilloso. Una planta mágica que crece en la zona del Mediterráneo: el vitex o sauzgatillo. Las mujeres lo han estado usando durante miles de años para regular su ciclo hormonal, mejorar su fertilidad y curar todo tipo de disfunciones del sistema reproductor femenino. En España Ginevitex produce de manera artesanal la tintura madre y la esencia floral.

Y para mí el recurso más poderoso: «Las meditaciones del útero».

  • Las meditaciones te ayudan a conectarte con tu cuerpo, con tu útero, con tu instinto, con tu sabiduría interna.
  • La meditación te ayuda a identificar y resolver el trauma emocional que provoca el trauma físico. Te ayuda a identificar ese trauma emocional que provoca disfunciones hormonales y de paso trastornos en el útero y los ovarios. Te ayuda a superar los traumas y evitar que se vuelvan a reproducir.
  • La meditación te ayuda a regular tu ciclo hormonal y a sentirte bien con todos tus procesos fisiológicos.
  • Y sobre todo, elimina el dolor de tu cuerpo y de tu vida. Te sientes en conexión con tu intuición y tu instinto y esto repercute en tu toma de decisiones.
  • Ademas el útero es un centro energético muy poderoso cuya activación te ayuda a despertar tu creatividad y a materializar tus proyectos.

No espero que me creas, sino que lo experimentes. ¿Te animas? Si quieres probarlo, PULSA AQUÍ para saber más.

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