La conmovedora historia de una de las matronas más famosas del mundo

Matronas, parteras, comadronas… Muchos nombres para designar a la que es, probablemente, la profesión más antigua del mundo.

El nombre de todas aquellas personas que dada su profesión de matrona, salen a la calle cada día para ayudar a que el ser humano llegue al mundo sano y salvo.

Apoyando a las mujeres en las decisiones sobre la autonomía de sus cuerpos y en sus ciclos vitales.

Y es que a lo largo de la historia de la humanidad existen pocas profesiones con más vocación, dedicación, cuidado y amor, que la del acompañamiento a la mujer embarazada.

Una entrega al nacimiento y al parto como un acontecimiento naturalmente perfecto a través del cual se abre paso la VIDA.

Pero como decía mi abuela, la vida no es siempre un camino de rosas.

Porque… Seamos justos por una vez.

La condición de mujer ha sido una clara desventaja para el desarrollo y el reconocimiento profesional de la matrona.

Y la aparición del “nuevo partero” o cirujano, cuyos inicios se sitúan en la Edad Media (concretamente durante el siglo XVII), es una muestra más de cómo la historia ha puesto en juicio los conocimientos sobre la anatomía de la mujer y las habilidades de aquella matrona o comadrona que tanto ha aportado a la humanidad contribuyendo al embarazo y al parto.

La historia de la partera real que ayudó a nacer a Luís XIII

Para quien no lo conozca, Luís XIII, también conocido como el “Justo”, fue rey de Francia en 1610 con tan solo 9 años.

La historia lo describe como un hombre piadoso y profundamente católico que se preocupó por el bienestar de su pueblo, hasta tal punto, que tras su muerte fue llevado directamente a la Basílica de Saint-Denis, sin ningún tipo de ceremonia. El Rey no quería añadir un “gasto inútil” a su pueblo.

Louise Bourgeois (1563-1636). La partera profesional que trajo al mundo al Rey.

Con tan solo 24 años, Bourgeois ya había tenido 3 hijos.

Sus inicios como comadre en París comenzaron alrededor del año 1593. Aunque no fue hasta el 1598 cuando obtuvo su diploma y licencia legal para ejercer como matrona.

Se convirtió en una partera habilidosa, ganando una excelente reputación que pronto llegaría hasta los pasillos de palacio donde la reina María de Médicis esperaba su primer hijo.

La vida de Bourgeois fue privilegiada durante más de dos décadas.

Una dedicación entera ayudando a nacer a miles de bebés de todas las clases sociales y transmitiendo su sabiduría a las nuevas generaciones.

Fue galardonada en 1608 por sus servicios como comadrona a la corona real.

Pero ocurrió algo inesperado que cambiaría el rumbo de la historia de Louise Bourgeois.

En 1627 la princesa María de Borbón-Montpensier moría después del parto y Bourgeois fue responsabilizada de su muerte.

La princesa murió por fiebre después del alumbramiento y fueron los hombres físicos de oficio, muchos enemistados con Bourgeois, los que escribieron el informe de la autopsia.
En él descubrieron restos de placenta en la matriz de la princesa, culpando a la famosa partera de su muerte por ser la responsable de dejar allí aquellos restos.

Este fatal suceso llevó a la famosa partera al ostracismo profesional, a la exclusión del ejercicio de matronería, no sin antes pasar por un duro juicio durante el que no dudó en defender su impecable trayectoria.

Se enfrentó a médicos que no dudaron en destruir su reputación como partera.

Pero Bourgeois no titubeó a la hora de dar respuesta a semejantes acusaciones.

Se atrevió a cuestionar la validez de las opiniones anteriores. Consideraba que dicho informe era una prueba más de la falta de conocimiento de sus verdugos en lo que se refiere al útero y lo que constituye para la mujer.

A modo de conclusión hay 3 cosas que destacaría de la vida de Louise Bourgeois:

  1. Su caridad. Su vocación la llevó a atender tanto a gentes humildes como a damas de alto linaje con el mismo cariño, afecto y profesionalidad.
  2. Su respeto hacia la profesión de matrona. Se posicionó en desacuerdo con mujeres de aquella época que prefirieron ser atendidas por hombres especializados en física, antes que por matronas.
  3. Su sabiduría. Escribió libros y tratados que fueron publicados y traducidos a varias lenguas extranjeras.
    Su trabajo fue reconocido por notables físicos que lo describieron como contenido útil para toda la humanidad.

Louise Bourgeois fallecía en 1636 no sin antes recopilar todo su saber acumulado durante años en la obra titulada Observaciones diversas sobre la esterilidad, el aborto, la fertilidad, el parto y enfermedades de la mujer y los recién nacidos.

Un auténtico tratado de obstetricia en el que recogió su experiencia de los casi 2000 partos a los que atendió con explicaciones aún vigentes.

El silencio de las matronas nos cuenta su historia

Pongámonos en situación.

En la España del siglo XIII, los médicos eran únicamente hombres por una razón que es fácil de intuir:

La mujer tenía prohibido el acceso a las universidades, al igual que los cirujanos y barberos-sangradores, aunque en el caso de las mujeres esta prohibición fue más amplia que para estos últimos.

Actualmente no entenderíamos la escisión de la medicina en dos partes independientes, medicina y cirugía, pero esta fue la realidad hasta bien entrado el siglo XIX.

Lo importante aquí es que existía una incesante necesidad por parte de los cirujanos de entrar en la cumbre de la élite profesional de la medicina, a la que en un principio, tenían denegado el acceso y el reconocimiento.

Su máxima ambición sería liberarse de la etiqueta de intrusos para entrar por la puerta grande de la medicina y así ser aceptados por los médicos que siempre los habían menospreciado.

Fue una verdadera lucha de poder para lograr su plaza dentro de la medicina. Una guerra en la que todo era válido.

Para ganarla no tuvieron ningún reparo en apoderarse de esa extensa porción del saber médico que estaba en manos de gente no admitida en el feudo científico:

Los secretos del aparato reproductor femenino, del embarazo y el parto que estaba en manos de las mujeres.

El caso concreto de Louise Bourgeois fue una clara maniobra para desvalorizar las prácticas de las comadronas.

Me pregunto cómo hubiera resultado el juicio de Bourgeois en aquella época, si en vez de mujer hubiese sido hombre cirujano o médico reconocido.
¿Cuántos colegas facultativos hubieran acudido a su defensa?

Poco a poco y con un discurso parecido a la política que estamos acostumbrados a ver a día de hoy, los “nuevos parteros” fueron sustituyendo a las matronas, la instrumentalización a la paciencia y el conocimiento intrínseco del parto fue desterrado por la tecnología, la medicalización y la dominación del cuerpo femenino.

La mujer pasó a convertirse en un sujeto infantilizado, inexperto, inseguro y temeroso. Ni siquiera dueña de sus tiempos.

Se convertía así, en una mera ejecutora de una guía instrumental que le marcaba:

  • Cuántos centímetros debía dilatar en 8 horas.
  • Cuándo era el momento de empujar.
  • Qué posición debía tomar al margen de sus necesidades…

El derecho a un “parto respetado”

(Y lo pongo entre comillas porque creo que un parto respetado o humanizado debería ser simplemente la única opción posible.)

Parece sorprendente que en pleno siglo XXI sea necesario el activismo para visibilizar algo tan evidente como el derecho a un parto y un nacimiento humanizado y el reconocimiento de la partera en el acompañamiento a la mujer.

Cada día aparecen más matronas, comadronas, obstetras, parteras…que hacen su reivindicación.

La necesidad del parto respetado y la puesta en valor de una de las profesiones más antiguas de la humanidad y que durante siglos ha sido infravalorada y discriminada.

Cada día aparecen más matronas, comadronas, obstetras, parteras…que hacen su reivindicación.

La necesidad del parto respetado y la puesta en valor de una de las profesiones más antiguas de la humanidad y que durante siglos ha sido infravalorada y discriminada.

Hoy, en España, aún no cuentan con un colegio profesional propio.

Acceder a los estudios de matronería es complejo, pues se abren muy pocas plazas para esta especialidad y además se requiere de aprobar una oposición previa de acceso a los estudios.

Muchas matronas se sienten hoy día como víctimas colaterales de la violencia obstétrica, viéndose obligadas a trabajar según protocolos obsoletos que van en contra de su conciencia y de la misma evidencia científica. En instituciones altamente jerarquizadas, en las que, por motivos que no alcanzamos a comprender, resulta muy difícil implantar las recomendaciones sobre la atención al parto normal y la ley de autonomía del paciente.

Como muchas otras mujeres, hay un creciente colectivo de matronas activistas por el parto respetado que están cambiando los usos y protocolos desde dentro.

Durante miles de años estas mujeres sabias han aprendido, experimentado y transmitido conocimientos sobre anatomía femenina y unas habilidades cuyo valor ha estado sometido a exámenes y juicios durante siglos.

La identidad de Louise Bourgeois se mantuvo porque tuvo un importante papel en la corte de los reyes de Francia, convirtiéndose en la partera real. Y porque su legado a través de su obras fue tan importante que no se ha podido ignorar.

Pero en realidad, han sido y son muchas las mujeres que han hecho de la matronería una profesión vocacional y totalmente entregada al servicio de la mujer, del bebé, de la vida, en definitiva, de la humanidad en su más completo significado.

La defensa del nacimiento como capítulo esencial en la vida de todo ser humano y que solo ocurre una vez.

Y la defensa del parto como acto a través del cual, no solo nace un nuevo ser, sino que ocurren una serie de acontecimientos para desencadenar la única fuerza capaz de cambiar este mundo lleno de caos y desorden por…

El más puro AMOR y enamoramiento entre madre-bebé.

La primera matrona o comadre

Podemos datar con documentación las primeras mujeres reconocidas como parteras con muchos nombres.

Pero en realidad, como todo en la vida, es mucho más sencillo y natural de lo que parece.

La primera matrona, partera, comadrona, comadre, comadre de parir, obstetrix, enfermera obstétrica, madrina, llevadora…fue ELLA.

Sí, esa mujer, seguramente, primero madre, que valiéndose de su propia experiencia y de la asistencia a otros partos, ayudaba a la mujer parturienta para que el alumbramiento fuera más fácil y seguro para ambos.

Interrumpiendo sus quehaceres cotidianos, corriendo ante cualquier urgencia y enfrentándose a multitud de situaciones por resolver para, literalmente, ayudar a traer vidas al mundo.

Dejémonos de rodeos.

Para cuando ellos hicieron su aparición en el campo de la salud de la mujer, ellas ya habían hecho mucho camino.

El acompañamiento a la mujer embarazada es mucho más que una profesión, una oposición aprobada o un título acreditativo.

Es el AMOR puro hacia el cuerpo femenino, hacia la mujer como ser completo y poderoso capaz de gestar y parir un nuevo ser.

Es dedicar toda una vida a la vida en su más pura esencia, a la humanidad tal y como es, sin etiquetas sociales, sin estigmas y sin prejuicios.

A ese nuevo ser que se abre camino hacia una vida entera por vivir, a través de otro ser.

Matrona, partera, comadrona, obstetra…, ya seas hombre o mujer, te necesitamos de nuestro lado. En el activismo, en la desobediencia a los protocolos obsoletos. En el cuidado del momento más sagrado en la vida de un ser humano, su nacimiento.

Desde el Método Laxmi rendir un homenaje a todas esas miles de mujeres que fueron contracorriente para convertir una vocación en una profesión sanitaria que debería tener un mayor reconocimiento a nivel profesional y a nivel social.

 


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